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Crisis en los ríos de Tijuana: entre el concreto y la oportunidad de replantear la ciudad

Actualizado: 5 may

La ciudad de Tijuana enfrenta uno de los momentos más decisivos de su historia reciente. Su crecimiento acelerado, su condición fronteriza y su expansión territorial han puesto en evidencia una deuda acumulada: la necesidad de restaurar el equilibrio ecológico sobre el cual, originalmente, se sostuvo su desarrollo. En este escenario, los ríos de la ciudad -el Río Tijuana y el Arroyo Alamar- emergen no solo como infraestructura visible, sino como memoria viva del territorio.


Históricamente, estos ríos han sido mucho más que cauces de agua. Han representado sistemas naturales fundamentales para el desarrollo de la región: corredores ecológicos, espacios de infiltración, hábitats biodiversos y puntos de conexión con el estuario del Río Tijuana, uno de los ecosistemas más relevantes de la zona. Su presencia no era incidental, sino estructural; formaban parte de la lógica natural que daba soporte al territorio antes de la expansión urbana.


"En este escenario, los ríos de la ciudad emergen no solo como infraestructura visible, sino como memoria viva del territorio."


Con el paso del tiempo, y en el contexto de una tendencia global que apostó por la ingeniería dura como respuesta a los retos urbanos, el concreto se posicionó como la solución predominante. Bajo esta lógica, los ríos fueron concebidos principalmente como canales de conducción, reduciendo su complejidad a una función hidráulica. Este enfoque, extendido en múltiples ciudades del mundo, priorizó el control sobre la comprensión de los sistemas naturales. Sin embargo, los ríos no dejaron de ser lo que eran.


A pesar de la rigidez impuesta, en distintos tramos del Río Tijuana y del Arroyo Alamar persiste una presencia silenciosa pero constante: vegetación que se abre paso entre el concreto, aves que han encontrado en estos espacios un refugio inesperado, y dinámicas naturales que se rehúsan a desaparecer. Para muchas especies, estos corredores siguen funcionando como rutas de tránsito, como pausas dentro de trayectorias más amplias que responden a ciclos mucho más antiguos que la ciudad misma. En esa persistencia hay una forma de memoria.


"Para muchas especies, estos corredores (los ríos) siguen funcionando como rutas de tránsito, como pausas dentro de trayectorias más amplias".


Lo que hoy observamos no es únicamente una condición ambiental, sino el reflejo de una forma de entender la ciudad. Durante décadas, el desarrollo urbano avanzó bajo una lógica que separó lo construido de lo natural, como si ambos mundos no estuvieran destinados a coexistir. El resultado es una ciudad que creció, pero que en ese proceso fue perdiendo parte de su relación con los sistemas que la sostienen.


La ausencia de árboles, la fragmentación de hábitats y la disminución de espacios naturales no son fenómenos aislados. Forman parte de una misma narrativa en la que el territorio fue visto como superficie disponible, más que como sistema vivo. En ese sentido, la crisis en los ríos de Tijuana no es un hecho aislado, sino una expresión clara de un modelo que hoy comienza a mostrar sus límites.


Foto: Cortesía


"La crisis en los ríos de Tijuana no es un hecho aislado, sino una expresión clara de un modelo que hoy comienza a mostrar sus límites."


Al mismo tiempo, este momento abre una posibilidad distinta. En diversas ciudades del mundo, se ha iniciado una reconsideración profunda sobre el papel de los ríos urbanos, reconociendo su valor no solo ambiental, sino también social y cultural. Estas experiencias sugieren que es posible pensar en alternativas donde la infraestructura y la naturaleza no se excluyen, sino que se integran.


Para Tijuana, esta reflexión adquiere una relevancia particular. No se trata de mirar hacia atrás, sino de observar con mayor claridad el presente. De reconocer lo que aún persiste. De entender que incluso en contextos altamente intervenidos, la naturaleza continúa ofreciendo señales.


En este punto, las preguntas dejan de ser técnicas y se vuelven esenciales.


¿Qué significa realmente construir una ciudad sostenible? ¿Es posible reconciliar el crecimiento urbano con los sistemas naturales que le dieron origen?¿Qué lugar ocupan estos ríos en la visión de futuro de la ciudad? ¿Y qué estamos dispuestos a cambiar para que esa visión sea distinta?¿En qué momento decidimos involucrarnos -no solo como observadores- sino como personas dispuestas a defender aquello que da sentido a la ciudad que habitamos?


"En diversas ciudades del mundo, se ha iniciado una reconsideración profunda sobre el papel de los ríos urbanos, reconociendo su valor no solo ambiental, sino también social y cultural."


Los ríos de Tijuana no han desaparecido. Siguen ahí, recordando, resistiendo y, de alguna forma, esperando.


Quizá, en ese llamado silencioso, también hay una invitación. No a la confrontación, sino a la construcción. A entender que las ciudades no se definen únicamente por las decisiones institucionales, sino por la forma en que sus habitantes las viven, las cuestionan y las transforman desde lo cotidiano. La organización ciudadana, la información, la participación consciente y la capacidad de generar acuerdos pueden convertirse en herramientas reales para incidir en el rumbo de la ciudad. 


Tal vez, en esa posibilidad compartida, se encuentra no solo el futuro de los ríos, sino también el de Tijuana.


Mtro. Roberto Gómez Campos

Activista

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