La crisis no es el tráfico
- Roberto Gómez

- 27 may
- 3 min de lectura
Hay palabras que, con el tiempo, terminan reducidas a conceptos técnicos. Movilidad es una de ellas.
Cuando escuchamos hablar de movilidad, casi automáticamente pensamos en automóviles, tráfico, semáforos o vialidades. Pensamos en cuánto tardamos en llegar al trabajo, en la fila que encontramos cada mañana o en el trayecto de regreso a casa. Pensamos en movernos, pero pocas veces nos detenemos a pensar en todo lo que realmente implica hacerlo.
Porque hablar de movilidad es hablar de personas.
Es hablar de una madre cruzando una calle con su hijo. Del estudiante que utiliza transporte público para llegar a la escuela. Del adulto mayor que necesita banquetas seguras para caminar. Del ciclista que sale cada mañana sabiendo que comparte una vialidad diseñada, muchas veces, sin pensar en él. También es hablar de quienes caminan porque no tienen otra alternativa y de quienes han convertido la bicicleta en una forma distinta de vivir la ciudad.
"Recuerdo encontrar personas con una enorme voluntad de participar, de proponer y de construir una ciudad diferente. Había entusiasmo, organización y una visión clara sobre cómo imaginar espacios más humanos."
Hace algunos años, entre muchos temas y proyectos, tuve la oportunidad de coincidir con grupos ciclistas de Tijuana. Recuerdo encontrar personas con una enorme voluntad de participar, de proponer y de construir una ciudad diferente. Había entusiasmo, organización y una visión clara sobre cómo imaginar espacios más humanos. Pero también existía algo que, desafortunadamente, se repite con frecuencia: poca atención.

Fuente: Cortesía
Con el tiempo entendí que el tema nunca había sido únicamente la bicicleta. La conversación era mucho más profunda. Era sobre el derecho a desplazarnos de forma segura. Sobre la posibilidad de tener una ciudad que piense en todas las personas y no solamente en una forma de movilidad. Era sobre entender que la calidad de vida no empieza cuando llegamos a nuestro destino, sino desde el momento en que salimos de casa.
Hace algunos años, México dio un paso importante con la aprobación de la Ley General de Movilidad y Seguridad Vial. Su esencia va mucho más allá de establecer reglas o procedimientos; propone un cambio de enfoque: colocar a las personas en el centro de las decisiones.
Sin embargo, más allá de los procesos normativos y su armonización, existe una pregunta más importante: ¿qué tanto estamos entendiendo lo que esto significa para nuestra vida cotidiana?
Porque no hablamos únicamente de leyes.
Hablamos de seguridad.
Hablamos de salud mental.
Hablamos del estrés acumulado que generan los trayectos diarios.
Hablamos de la probabilidad de sufrir un accidente.
Hablamos de educación vial y de respeto hacia quienes comparten el espacio público.
Y hablamos, sobre todo, de cómo queremos vivir.
Lo interesante es que muchas veces las respuestas están frente a nosotros. El Río Tijuana es un ejemplo de ello.
"No se trata únicamente de infraestructura. Se trata de generar sentido de pertenencia. De recuperar espacios que hoy muchas personas observan con distancia y volverlos lugares vivos."
Sobre su canalización existen carriles laterales que durante años han permanecido ahí, silenciosos, como espacios que todavía buscan una nueva posibilidad. Hoy podrían convertirse en algo más que una vía de paso. Existe la oportunidad de rehabilitarlos, incorporar vegetación nativa de la región, fortalecer infraestructura para ciclistas y construir corredores que permitan apropiarnos nuevamente de una parte de la ciudad.
No se trata únicamente de infraestructura. Se trata de generar sentido de pertenencia. De recuperar espacios que hoy muchas personas observan con distancia y volverlos lugares vivos.
Pero la realidad también exige mirar más allá. En esas mismas zonas existen personas que viven en condiciones de vulnerabilidad, personas que enfrentan problemas relacionados con salud mental, consumo de sustancias y el abandono social. Ignorar esa realidad o desplazarla físicamente no resuelve el problema.
"Porque una ciudad sostenible no es aquella que simplemente construye más espacios o coloca más infraestructura."
Quizá el reto más grande consiste precisamente en aprender a mirar la ciudad de manera integral.
Porque una ciudad sostenible no es aquella que simplemente construye más espacios o coloca más infraestructura. Es aquella que entiende que detrás de cada proyecto existen personas con distintas realidades y que ninguna solución está completa si deja a ciertas comunidades fuera.
Tal vez la pregunta ya no sea cómo movernos más rápido. Tal vez la pregunta sea otra ¿Cómo queremos convivir? o ¿Cómo queremos habitar nuestra ciudad? ¿Y en qué momento decidimos pasar de observar los problemas a formar parte de las soluciones?
Quizá la movilidad nunca trató de automóviles. Quizá siempre trató de nosotros.
Mtro. Roberto Gómez Campos
Activista
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